Por Raisa Urribarrí

En el texto "La Mistica del Trabajo Colaborativo en la Internet", Daniel Pimienta afirma que una meta esencial del proyecto es lograr una CV reflexiva y colaborativa y que ella es el instrumento principal para lograr los objetivos del proyecto.

La coordinación, por su parte, se asume como la arquitecta del proyecto y la facilitadora de un proceso que debe involucrar y hacer participar la CV para llegar, por los caminos a veces imprevisibles que resultan de las decisiones del colectivo, a las metas fijadas.

Nosotros nos preguntamos:

¿Qué decisiones ha tomado el colectivo?

Aún más: ¿a qué llamamos colectivo?

¿lo somos realmente?

¿qué somos?

¿Cuánto tiempo, cuánto espacio, en fin, cuánta atención le asignamos cada uno de nosotros a la construcción de este colectivo? ¿Creemos en sus posibilidades? ¿Cuánto le pedimos, cuánto le damos?

Hago esta reflexión porque la percepción de una crisis de participación es el elemento más sentido de la evaluación y, como destaca Daniel Pimienta, si bien no se responsabiliza directamente a la coordinación por ello, sí se le sugiere crear condiciones que la facilite o establecer una estrategia original que la fomente.

De cara a este hecho, surge otra pregunta:

¿Cuáles serían los ingredientes principales de esta estrategia?

Como posible estrategia para tratar de subsanarlo, la coordinación asoma que sería bueno "poder incorporar en el equipo a una persona especializada en facilitación y tratar de diseñar nuevas metodologías para una facilitación a distancia apoyada por el web que pueda ser propensa a la pro actividad en la Internet."

Pero además de los componente metodológicos, ¿de qué otros elementos dependerá la participación de la CV?

Nosotros concebimos la participación como un derecho humano, pero también como un deber. Es una responsabilidad y un compromiso que nos mueve a involucrarnos con vitalidad en los proyectos que sentimos propios. ¿Es este un proyecto propio?. Sentir "algo" como propio es algo muy diferente a adherirnos a "algo" diseñado por "otros". En otras palabras, implica comer, pero también mover la olla. ¿Hasta qué punto cocina la CV? En nuestra opinión, lograr un clima propicio a la participación pasa por favorecer un proceso educativo que facilite la incorporación de las personas al proyecto que se impulsa. Para ello la información es vital.

En este sentido, uno de los elementos que destaca en la evaluación es la valoración positiva que hace la CV del esfuerzo por construir un acervo de información, así como también del proceso de reflexión colectiva.

Al respecto nos preguntamos:

¿Cuánto hemos cooperado en la construcción de este acervo?

¿Cuánto en la reflexión?

En la evaluación aparece como debilidad el que no se hayan establecido vínculos cooperativos entre los miembros de la CV. Pero ¿será esto cierto? ¿Podemos afirmar que Mística ha fallado en el objetivo de crear un clima propicio para la generación de vínculos entre los diferentes actores/trices de la región? La misma propuesta Olistica revela la existencia de una cierta plataforma de trabajo conjunto. ¿Habrá otras? Evidentemente, se necesita mayor información.

¿Quién es (somos) el (los/las) responsable(s) de darla?

Dice Daniel Pimienta:

"Es imperativo que la coordinación demuestre en los hechos (no sólo en el discurso) que acepta la crítica y que está en la mejor disposición para integrar los requerimientos de la CV en el diseño dinámico del proyecto. Es el precio de la credibilidad de la coordinación y de la identificación de la CV con el proyecto, clave de su éxito"

¿Qué dice la CV? ¿Cómo entiende su papel?

¿Será justo que nos beneficiemos del esfuerzo colectivo si no aportamos a su construcción?

¿De qué depende que arrimemos el hombro?

¿Cómo promovemos ese proceso?

 

Raisa Urribarrí
Universidad de Los Andes
Venezuela
28-02-01