Creo que el drama semántico de los "oprimidos "
(palabra que no me agrada del todo) es doble.
Por una parte efectivamente se han visto imponer
un lenguage, una terminología economicista
("marketing social" es un ejemplo de ellos), pero
por otra, se han visto expropiados de cierta
terminología originalmente "progresista" que ha
sabido ser mejor acuñada por las formas recientes
del capitalismo. Un ejemplo claro de esto , por
ejemplo, es el uso que los manuales de management
y manejo de recursos humanos para empresas,
hacen de los trabajos de Paulo Freire o de Ivan
Illich. AL respecto recomiendo los aportes de Luc
Boltanski en "Le Nouvel Esprit du
Capitalisme" http://www.sindominio.net/unomada/boltanski/
Al final de cuentas, el uso del concepto de
"marketing social" me gusta, no tanto por su
originalidad, sino porque implica una actitud de
alerta, de no - resignación , de intencionalidad
de disputar ciertos espacios semánticos, con fines otros que los economicistas.
Esto se vincula también a la idea de "bien
común". Siento que en la medida en que ese debate
se centra en la cuestión del software,
permanecemos en el universo de lo económico. Me
parece interesante en cambio cuando esa discusión
se puede desplazar al tema del conocimiento, de
su circulación e intercambio. Ahí ya saltamos a
la antropología y su ya antigua idea del "don".
Si el bien común es aquel que puede basarse en un
principio del "don", y no el intercambio,
entonces estamos llevando la idea de
"conocimiento" a un terreno más subversivo.
Florencio Ceballos S.
telecentre.org
IDRC / CRDI
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